Un día de San Valentín

Pluma


Esta mañana miré por mi ventana y contemplé estupefacta como la nieve lo había cubierto todo durante la noche. El pino que sembramos, y que ya se había convertido en un árbol, parecía una estatua de hielo con espadas trasparentes cayendo por sus costados. El lago en el que aprendimos a nadar parecía un inmenso espejo que reflejaba las nubes juguetonas en el horizonte.

Todo estaba blanco como un lienzo antes de que el artista lo llene de color. Todo era como de algodón, todo era nada, y la nada lo era todo. Yo miraba la nada y de la nada me llegó tu encanto. Tu imagen penetró mi mente y la nada se convirtió en ti, en lo que fuiste, en lo que deberías ser, desde ese instante no he podido quitarte de mi mente.

Ahora estoy en mi taller, el sol radiante y sin ninguna nube a su lado, ve su reflejo y sonríe para sí mismo en la lisa y brillante superficie del lago congelado, una vista que me acompaña en mi quehacer diario, pero que hoy se me torna extraño. ¿Sabes?, me he convertido en una artista, mi trabajo es plasmar sobre el vacío lo que “es” para que se vuelva un “algo” que otros deben entender. Mi trabajo es plasmar sobre un lienzo lo que existe en mi interior, o al menos eso es lo que yo pensaba, pero ahora no estoy segura de lo que hay allí, porque tú lo has llenado todo y ahora ya no queda nada que no esté impregnado de ti, de tu dulce aroma y de tus colores intensos.

Te amé, con un amor inconfundible, con una fuerza sobrenatural, con una intensidad infinita, mi vida era tu vida, mi cuerpo era tu cuerpo y tus sueños eran los míos. Aún recuerdo esos hermosos años en que pensábamos que el tiempo no existía, que la vida era eterna y que el verano nunca acabaría. ¿Qué ha sido de ti? ¿Qué ha sido de tus sueños? ¿A dónde te fuiste? ¿Por qué me dejaste? ¿Por qué te dejé ir?

Ya sé que era algo inevitable, ya sé que se salía de tu control, pero al menos hubieras luchado como lo hice yo. Pero no luchaste, simplemente te fuiste y me dejaste sola para que continuara con mi vida sin tu presencia.

Fueron muchos años de dolor e incertidumbre los que siguieron a tu partida. Años en que no sabía quién era o qué debía hacer. Años en los que no sabía que caminos debía tomar, años en que la soledad rodeaba mis días y la desesperanza surcaba por mis límites como un coyote al asecho.

Pero sobreviví, saqué fuerzas de mi dolor, luché por superarte y lo conseguí. No niego que el camino fue difícil, que me equivoqué, no solo una sino muchas veces, pero seguí adelante y me perdoné y me amé y me encontré conmigo misma y ahora estoy aquí, contemplando a través de la ventana el mismo cielo azul que nos gustaba mirar cuando tú y yo no existían, cuando el tú y yo no eran conceptos importantes, cuando tú eras yo y yo era tú.

Siempre te recordaré: de ti aprendí que la vida solo se vive una vez, que no hay ayer, ni hay mañana, solo hay un hoy que disfrutar. De ti aprendí que los colores se pueden trasformar y que el mundo es lo que queramos que sea. Juntas convertimos mil veces ese lago en una playa, en un océano en un río, en un charco, en un mundo fantástico.

Lo que más extraño es tu inocencia, tu manera de ver lo simple como algo extraordinario, tu manera de sorprenderte de lo cotidiano, ojalá nunca te hubiera perdido, ojalá nunca te hubieras marchado.

Pero no todo lo que me diste se ha perdido, aún conservo tu sonrisa y puede que el brillo en mis ojos. Cada vez que miro mi reflejo, en él puedo ver tu rostro infantil bajo mis pronunciadas arrugas, y mi pelo entrecano. Ya no uso las trenzas que tanto nos gustaban, pero los coleros con que las adornábamos los tengo colgados sobre mi mesa de trabajo, para que nunca se me olvide que alguna vez fui una niña, como tú.

Esta noche tengo una cena, allí celebraré con mi esposo el día de San Valentín. Es un hombre bueno, un poco diferente a los príncipes azules de los cuentos de hadas, esos solo existen en la imaginación de las niñas, pero lo amo, tiene un corazón de oro y eso es lo más importante.

Ahora si me permites te voy a pintar en uno de mis lienzos para recordarte por siempre mi querida infancia perdida, y tú serás mi regalo esta noche para ese hermoso ser que encontré luego de tu partida.

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